No había objetos personales.
Había pequeños dispositivos. Como cámaras, como grabadoras, con cables y chips. Todo muy ordenado, muy profesional.
— ¿Q… qué es esto? —la voz de Camila tembló.
Alejandro cerró la maleta y la miró.
— Camila, nunca te mentí. Tú simplemente nunca preguntaste.
— ¿Quién es usted?
Esa pregunta ya no era solo miedo, era necesidad.
Alejandro jaló una silla y se sentó frente a ella, manteniendo la distancia para no incomodarla.
— La unidad en la que trabajo no es visible para la gente. Mi trabajo ocurre en lugares donde la ley llega tarde.
Los ojos de Camila estaban llenos de preguntas, sus labios abiertos, pero sin voz.
— Desde hace seis meses —continuó Alejandro—, estabas siendo vigilada. Tú no lo sabías, pero alguien ya te había elegido.
El rostro de Camila se puso pálido.
— ¿Q… quién?
Alejandro sacó un archivo de su maleta y lo puso sobre la mesa. Dentro había fotografías. Borrosas, tipo CCTV. Un estacionamiento. Un hombre. El mismo lugar donde Camila solía salir tarde de la oficina.
Camila se llevó la mano a la boca.
— Ese… ese es mi trabajo…
— Sí —dijo Alejandro—, y ese hombre ha sido visto varias veces cerca de ti. Él elige a personas que guardan silencio, que dudan de sí mismas, que no hablan por miedo.
Las lágrimas comenzaron a caer por los ojos de Camila.
— ¿Y usted?
— Yo estaba para detenerlo.
El silencio llenó la habitación. El sonido del aire acondicionado ahora parecía muy fuerte.
— Entonces, ¿por qué me trajo aquí? —preguntó Camila.
Alejandro respondió sin dudar:
— Porque él iba a venir aquí hoy. Creía que estarías sola.
Camila casi se levantó de golpe.
— ¿Qué? ¿Me estaba usando como carnada?
Alejandro negó con la cabeza de inmediato.
— No. El equipo de seguridad estaba abajo. Todas las salidas estaban cubiertas. Pero para atraparlo en el acto, era necesario que creyera que venía al lugar correcto.
El corazón de Camila latía con fuerza. Miedo, enojo, confusión—todo al mismo tiempo.
— ¿Y lo que dije… sobre ser virgen?
La voz de Alejandro se suavizó por primera vez.
— Al escucharlo, entendí que has evitado cualquier tipo de presión hasta ahora. Eso significa que eres tal como decían los informes—sencilla, pero fuerte. Y por eso eras quien más necesitaba protección.
De repente, se escuchó un leve golpe en la puerta.
Camila se sobresaltó.
Alejandro le hizo una señal para que permaneciera en silencio y caminó lentamente hacia la puerta.
— Camila —se escuchó una voz conocida desde afuera—, soy yo.
El corazón de Camila se hundió.