Hace 5 minutos…
Dentro de la habitación, Camila estaba sentada en una silla, con los dedos entrelazados con fuerza.
Su corazón latía tan fuerte que parecía que iba a salirse del pecho.
Alejandro se acercó y dijo suavemente:
— ¿Tienes miedo?
Camila asintió, tratando de mantener la voz firme:
— Señor… todavía soy virgen. Nunca he hecho nada con nadie. Tengo miedo… de no saber qué hacer.
Alejandro se quedó inmóvil.
No sonrió,
no se burló,
ni la abrazó—como Camila había imaginado.
Solo… la miró.
Durante mucho tiempo.
En su rostro apareció una expresión extraña.
Ni sorpresa,
ni felicidad.
Camila frunció el ceño:
— ¿Por qué me está mirando así?
Alejandro dijo una frase que hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Camila:
— Qué bien. Ahora ya estoy completamente seguro.
Camila se asustó.
Estaba a punto de preguntar algo cuando Alejandro fue hacia la pequeña maleta con ruedas que había traído, ingresó el código y la abrió.
Y los ojos de Camila se abrieron de par en par.
Lo que había dentro… no se parecía en nada a objetos personales.
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Los dedos de Camila estaban enredados en la correa de su bolso. La tenue luz de la habitación del hotel le molestaba en los ojos, o quizá no era la luz, sino el miedo que crecía dentro de ella con cada segundo. Estaba sentada en el borde de la silla, intentando mantener la espalda recta, como si al verse fuerte su corazón también pudiera calmarse. Alejandro estaba a solo unos pasos de distancia. Cerca, pero fuera del límite de tocarla.
— Señor… yo hasta ahora sigo siendo virgen…
Dijo las palabras muy despacio, como si al subir un poco la voz, la habitación misma pudiera escucharla.
— Nunca he… estado con ningún hombre…
Levantó la mirada. Esperaba que Alejandro sonriera, quizá que la tranquilizara, que le dijera que no había nada que temer. Pero en el rostro de Alejandro había algo distinto. Ni sorpresa, ni emoción, ni esa naturalidad que Camila había imaginado. Solo la estaba mirando. Con mucha atención. Como un médico leyendo un informe, o un investigador buscando una mentira en una declaración.
La garganta de Camila se secó.
— ¿Por qué… me está mirando así?
Alejandro tardó en responder. Luego dijo con voz muy tranquila:
— Qué bien. Ahora estoy completamente seguro.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Camila.
— ¿Seguro de qué…?
Sin decir nada, Alejandro se dio la vuelta y caminó hacia la pequeña maleta con ruedas en la esquina de la habitación. Camila la observó por primera vez con atención. Era muy simple. Sin marca, sin brillo. Alejandro introdujo el código, la maleta se abrió… y los ojos de Camila se abrieron de par en par.
No había ropa dentro.