Señor… yo todavía soy virgen… nunca he estado con ningún hombre en toda mi vida…” ../HXL

Esa voz era de Nicolás, el jefe de Recursos Humanos de su oficina.

Alejandro abrió la puerta. Nicolás estaba a punto de entrar cuando, detrás de él, aparecieron seguridad del hotel y dos personas de civil.

— Señor Nicolás —dijo uno—, necesitamos que responda algunas preguntas.

El rostro de Nicolás se volvió pálido.
Antes de que pudiera decir algo, se lo llevaron.

La puerta se cerró.
Camila se dejó caer al suelo.

— ¿Todo… terminó? —preguntó con voz temblorosa.

— No —dijo Alejandro—, pero ahora estás a salvo.

Camila levantó la mirada.
— Entonces… ¿esta noche…?

— Esta noche no era sobre tu miedo —dijo Alejandro—, era el comienzo del fin de ese miedo.

Durante mucho tiempo, ambos permanecieron en silencio. Luego Camila dijo en voz baja:
— Ni siquiera me tocó.

Alejandro sonrió.
— Porque la confianza viene primero, la cercanía después.

A la mañana siguiente, cuando Camila salió del hotel, ya no era la misma chica que había entrado la noche anterior. Algo se había roto—pero algo aún más grande se había construido. Autoestima, seguridad, y la comprensión de que el hombre correcto no es el que se apresura, sino el que sabe esperar.

Seis meses después, en un café, Camila y Alejandro estaban sentados frente a frente. Sin archivos, sin maletas. Solo dos personas.

Camila sonrió y dijo:
— Hoy no estoy sentada con miedo.

Alejandro respondió:
— Y yo no estoy en ninguna misión.

Ambos rieron.
Esta vez, la cercanía no daba miedo.
Era una elección.

Y quizá, esa fue la mayor victoria de todas.