—Los papeles cambian —dijo Evaristo—. Hubo mucha gente. Estas cosas pasan.
—Una niña sola, sin regalo, no es “una cosa que pasa”.
El salón quedó en silencio.
Doña Amalia, una voluntaria mayor que llevaba años ayudando en la colonia, se acercó limpiándose las manos con una servilleta.
—Yo vi ese nombre en la lista esta mañana —dijo firme—. Guadalupe Cruz estaba registrada. Yo misma revisé la sección B.
Lupita levantó la mirada.
—¿Mi nombre sí estaba?
Doña Amalia le sonrió con tristeza.
—Sí, mi niña. Ahí estaba.
Rodrigo miró a Mariana.
—Consigue la lista digital, el registro de entrega y las cámaras de seguridad. Ahora.
Evaristo perdió color.
—¿Cámaras? No hace falta armar un escándalo por una caja.
Rodrigo dio un paso hacia él.
—Cuando alguien tacha el nombre de una niña pobre, el escándalo ya empezó.