Su esposo durmió en el piso por 2 años para atraer riqueza, hasta que una madrugada ella vio a la enorme serpiente en su lugar

Detrás de la puerta, unas escaleras de concreto descendían hacia 1 sótano oscuro. Leticia ni siquiera sabía que la residencia tenía sótano. El aire apestaba a podredumbre, a cera derretida y a tierra de panteón.

Al bajar, encontraron 1 cuarto tétrico. En el centro había 1 mesa con veladoras negras, frascos con líquidos viscosos y decenas de hojas llenas de garabatos. En las paredes colgaban fotos de Leticia y Mateo. Y en el suelo, doblado con cuidado… había otro tapete rojo idéntico.

Carmen tomó 1 libreta de cuero negro de la mesa. Era el diario de Mateo. Leticia hojeó las páginas temblando: “Primera noche en el tapete”. “Cayó la primera transferencia”. “El patrón de Catemaco dijo que si no fallo, lloverá la lana”.

Páginas adelante, el tono era desesperado: “Lety no se puede enterar”. “Si me rajo ahora, me quitan la vida”. En la última página, garabateada con fuerza, decía: “Él viene a ocupar su lugar en la luna llena”. La fecha era de la noche anterior.

A Leticia se le revolvió el estómago. En ese instante, escucharon pasos a sus espaldas. Mateo estaba parado en lo alto de la escalera. Parecía un cadáver; había envejecido 20 años en 1 sola noche.

Cuando vio a Leticia, sus ojos inyectados en sangre se llenaron de lágrimas. “Lety…”, susurró. Ella retrocedió asqueada. “No te me acerques. ¡Explícame qué chingados es todo esto!”.

Mateo rompió a llorar, derrumbándose en los escalones. Les confesó que, 2 años atrás, desesperado por las deudas en Neza, buscó a 1 brujo oscuro en Veracruz. El hombre le entregó el tapete con 1 condición: dormir sobre él todas las noches para que el dinero fluyera.

Pero la advertencia fue clara: “Entre más lana tragues, más de ti se queda en el tapete”. Mateo se volvió 1 esclavo. Despertaba con tierra en la boca y escamas pegadas en los brazos. Y la voz del brujo le susurraba que, en luna llena, su cuerpo ya no le pertenecería.

“Anoche desperté aquí tirado en el sótano”, murmuró Mateo, temblando. “No sé en qué momento bajé”. Leticia lo miró con horror. “Entonces la serpiente…”. Mateo cerró los ojos: “Creo que esa cosa… era yo”.

Beto sacó su radio de inmediato, pero Carmen ordenó que sacaran a Mateo de ahí. Hubo 1 enfrentamiento familiar brutal. El padre de Mateo confesó que la abuela del muchacho había hecho pactos de sangre similares; Mateo cayó en la misma maldición familiar por su ego de querer ser “el que provee” a costa de su propia alma.

Paco encontró 1 recibo con el nombre del brujo: don Elías. Aunque la policía dijo que llevaba años desaparecido, localizaron su choza en la selva de Catemaco. Contra todo pronóstico, Mateo se levantó, demacrado. “Tengo que ir a terminar esta chingadera. Es mi bronca”.

“¡Te va a matar, imbécil!”, le gritó Leticia. Él le tomó las manos. “Ya casi te pierdo a ti por mi avaricia. Prefiero morir pobre que dejarte esta maldición”.

Viajaron todos a Veracruz. La casa del brujo estaba tragada por la maleza. Al entrar, el olor a azufre casi los asfixia. En medio del cuarto, estaba el mismo modelo de tapete rojo, y sobre él, 1 caja de madera con cientos de fotografías de familias destruidas.

En el reverso de cada foto, anotaciones rojas: “Se suicidó”. “Desapareció”. En 1 reciente, solo decía: “Cosechado”. En el fondo, 1 nota: “Mientras el tejido exista, la bestia siempre encontrará su nido”.

Mateo palideció. Tomó el tapete y miró a Leticia. Paco le pasó 1 bidón de gasolina. Mateo lo empapó y encendió 1 cerillo. El fuego verdoso devoró la tela de inmediato.

En ese preciso instante, 1 alarido desgarrador retumbó en la selva. Mateo cayó de rodillas al lodo, asfixiándose. Leticia corrió hacia él, sosteniendo su rostro bañado en sudor. Por 10 eternos segundos, pensó que el diablo le había arrebatado a su esposo.

Pero entonces, Mateo tomó 1 gran bocanada de aire. Abrió los ojos, exhausto, y sonrió débilmente. “Creo que… ya nos soltó, flaca”.

Sanar fue un verdadero infierno. Mateo malbarató la mansión, vendió las camionetas y donó cada peso sucio. Se deshizo del imperio maldito. Durante 6 meses, vivieron separados mientras él iba a terapia psicológica para tratar su obsesión por el dinero.

Cada semana, él le enviaba cartas a mano a Leticia. Le confesaba su vergüenza por haber puesto en riesgo su vida solo por aparentar éxito, entendiendo que el ego machista casi le cuesta el alma.

1 año después, Leticia aceptó verlo en 1 Vips. Ya no había ropa de marca ni lujos. Solo el hombre humilde del que se enamoró en Neza. Lloraron, se perdonaron y decidieron empezar desde cero, sin atajos ni magia negra.

Hoy rentan 1 casita modesta en Hidalgo. Mateo jamás volvió a acostarse en el piso. Cada noche, entrelaza sus dedos con los de Leticia hasta amanecer. Hace 4 meses, nació su hija Milagros.

A veces, Leticia despierta en la madrugada y recuerda aquella terrorífica serpiente negra. Pero al mirar a su lado, ve a Mateo roncando suavemente, humano y real. Y entonces comprende que la ambición desmedida siempre cobra facturas de sangre, pero que perderlo todo por avaricia es, a veces, el único camino para recuperar la verdadera paz que el dinero no puede comprar.