Mi madrastra vendió mi casa para “darme una lección” y me dijo que los nuevos dueños se mudarían la semana siguiente. Pero mientras ella todavía se regodeaba, yo ya estaba recordando la reunión privada con el abogado de mi difunto padre, y el fideicomiso oculto y el oscuro secreto escondido en la chimenea que estaban a punto de convertir su pequeña victoria en el peor error de su vida.

“¡Maldita escuincla!”, gritó desde el jardín. “¡Tú sabías! ¡Tú y ese abogado me tendieron una trampa!”

Salí al patio despacio.

“No fue una trampa mía. Fue una decisión de mi papá.”

Su rostro cambió. Por primera vez, vi miedo detrás de su maquillaje perfecto.

“Roberto jamás me habría hecho esto.”

“Te conocía mejor de lo que pensabas.”

Graciela se acercó tanto que pude oler su perfume caro, empalagoso.

“Tú no sabes nada, Mariana”, susurró. “Crees que tu papá murió de un infarto porque estaba enfermo, ¿verdad?”

Sentí que la sangre se me congelaba.

“¿Qué quieres decir?”

Ella sonrió, pero ya no parecía elegante. Parecía cruel.

“Si mañana no me firmas esta casa, voy a contarle a todo México lo que tu padre escondía entre estas paredes.”

Luego se fue, dejándome parada entre las bugambilias, con el corazón golpeándome el pecho.

Y yo todavía no podía creer lo que estaba a punto de pasar…

PARTE 2

Esa noche, la casa dejó de sentirse como refugio.

Cerré puertas, ventanas y cortinas. Revisé dos veces el portón. Aun así, cada crujido de la madera me hacía voltear.

Llamé al licenciado Herrera.

“Graciela dijo algo sobre la muerte de mi papá”, le conté. “Insinuó que no fue natural. Y dijo que él escondía algo en la casa.”

El silencio del abogado fue demasiado largo.

“Mariana… tu padre me pidió investigar a Graciela antes de morir. No quería alarmarte hasta tener pruebas.”

“¿Pruebas de qué?”

“Roberto no fue su primer esposo. Fue el tercero. Los dos anteriores murieron después de enfermedades repentinas. Ambos le dejaron dinero. Tu papá descubrió el patrón demasiado tarde.”

Me senté en la escalera.

“No… ¿me está diciendo que ella…?”

“Te estoy diciendo que tu padre sospechaba. Por eso protegió la casa. También me dijo una frase: ‘Si algo me pasa, Mariana encontrará el mapa donde siempre busco respuestas’.”

Colgué con las manos heladas.