Su padre regaló su condominio y ella lo vendió primero

no el plan, ni las cajas, ni el camión de mudanza.

Fue la risa.

La certeza relajada.

Esa convicción tranquila de que yo volvería a doblarme.

Y la razón por la que sigo durmiendo bien por las noches es simple.

Esta vez, por fin, no lo hice.