no el plan, ni las cajas, ni el camión de mudanza.
Fue la risa.
La certeza relajada.
Esa convicción tranquila de que yo volvería a doblarme.
Y la razón por la que sigo durmiendo bien por las noches es simple.
Esta vez, por fin, no lo hice.
no el plan, ni las cajas, ni el camión de mudanza.
Fue la risa.
La certeza relajada.
Esa convicción tranquila de que yo volvería a doblarme.
Y la razón por la que sigo durmiendo bien por las noches es simple.
Esta vez, por fin, no lo hice.