“Anoche dijiste que era el día más importante de nuestra vida.”
“Porque lo era.”
“No. Era una mentira con flores.”
Patricia bajó el celular. Ya no quería grabar.
Los vecinos, en cambio, sí querían seguir mirando.
Raúl se acercó al portón.
“Mariana, por favor. Déjame entrar diez minutos. Podemos arreglarlo.”
Ella lo observó. El hombre que durante años la llamó fría ahora temblaba porque no podía usar su tarjeta para pagar un hotel.
“No hay ‘podemos’”, dijo Mariana.
Él bajó la voz.
“Tú me amabas.”
“Sí”, respondió ella. “Y tú también usaste eso.”
Fernanda se quitó el anillo y se lo lanzó al pecho.
“Explícales tú a mis papás por qué financiaron una boda ilegal.”
Raúl miró a su madre, buscando defensa.
Pero hasta Lupita guardó silencio.
La abogada dio un paso al frente.
“Señor Mendoza, todo contacto con mi clienta será por vía legal.”
Raúl apretó los puños.
Y justo cuando parecía que ya no podía empeorar, Fernanda recibió un mensaje de su padre.
Leyó la pantalla y su voz salió rota:
“Raúl… ¿por qué mi papá dice que firmaste un crédito usando comprobantes de ingresos de Mariana?”
Mariana sintió que el aire se congelaba.