—Vine una noche mientras tú estabas trabajando. Le hablé… y ella movió los dedos. Al principio pensé que era imaginación, pero siguió pasando. Pequeñas cosas. Respiraciones. Intentos.
Me giré hacia Bree.
Recordé todas las noches hablando junto a su cama.
Todas las veces que lloré creyendo que ella no podía oírme.
Todas las veces que le confesé mi miedo.
Mi rabia.
Mi cansancio.
Dios mío.
Claire siguió hablando.
—Ella entraba en pánico cuando tú estabas aquí.
La miré fijo.
—¿Qué?
Claire tragó saliva.
—Cada vez que escuchaba tu voz, sus signos vitales se disparaban.
Sentí frío.
Mucho frío.
—¿Qué estás insinuando?
Ella dudó.
Luego dijo:
—La noche del accidente… Bree me llamó antes.
Un silencio espeso llenó la habitación.
—¿Qué llamada? —pregunté.
Claire temblaba.
—Estaban discutiendo. Ella estaba llorando.
No entendía hacia dónde iba aquello. Mi cabeza se negaba.
—Claire…
—Me dijo que quería dejarte.
Las palabras atravesaron el cuarto como vidrio.
Yo retrocedí lentamente.
—No.
—Descubrió lo de Dana.
El nombre me golpeó como una bala.
Nadie conocía ese nombre.
Nadie.
Claire lloraba abiertamente ahora.